Reseña: "La sociedad de los poetas muertos"


Fotografías cortesía de la producción

Haciendo de la vida algo extraordinario

Por Juan Carlos Urrutia

¡Carpe Diem! Es una frase que muchos de nosotros conocemos; pero también quizás de la que muchos desconocíamos su significado. En 1989 Peter Wier dirige la película “La sociedad de los poetas muertos”, con guión de Tom Schulman y contando con Robin Williams en el papel protagónico. En la cinta, el profesor John Keating, motiva a sus alumnos del colegio Welton utilizando la expresión en latín ¡Carpe Diem! (Aprovecha el día) para que hagan de sus vidas algo extraordinario. Una película emblemática de aquella generación y la cual casi 30 años después es llevada al teatro en una adaptación que conserva la esencia del film y que además resulta fresca para el público de las nuevas generaciones. 

La misión de realizar la adaptación teatral, que además serviría para reinaugurar las actividades del nuevo Teatro Libanés, tenía que estar a cargo de un director experimentado, que conociera los terrenos del escenario pero que también tuviera experiencia en el set cinematográfico; en ese sentido, creo que no pudo haber mejor elección que Francisco Franco para llevar a buen termino la encomienda.

“La sociedad de los poetas muertos” nos cuenta la historia de un grupo de jóvenes estudiantes del instituto Welton, quienes sometidos por las estrictas reglas impuestas no solamente por las autoridades escolares sino por sus mismos familiares, encuentran en la figura del profesor John Keating, la fuente de inspiración para luchar por sus verdaderos sueños. Sí, la premisa parece un eslogan de un grupo de ayuda; pero la lectura es mucho más profunda y necesaria. 

El cartel, sin duda, se lo lleva Alfonso Herrera; quien tras una exitosa carrera internacional en conocidas series de televisión, toma el riesgo de encarnar al entrañable profesor Keating, quien fuera en su momento interpretado en la pantalla grande por uno de los actores más conocidos y reconocidos de Hollywood. Y el resultado está más que bien logrado. Alfonso Herrera, más allá de ser el gancho perfecto para traer grandes cantidades de público, termina siendo una pieza clave para el éxito del montaje. Y la audiencia, propia y extraña a su carrera previa, agradecerá su trabajo. 

El desempeño del elenco juvenil en general es sobresaliente, resaltando las actuaciones de Sebastián Aguirre (quien da prueba de su talento fuera de la pantalla grande), Paco Rueda y el mismo Gonzalo Vega Jr. En lo personal, destacar el trabajo de Mauro Sánchez Navarro a quien solamente había tenido oportunidad de ver en Microteatro y quien en esta ocasión hace lujo de sus capacidades. 

El atino de Francisco Franco no se limita solamente al ensamble actoral y el dinamismo del texto adaptado por María Reneé Prudencio, sino que se permea en cada uno de los elementos de la puesta en escena. Visualmente es un trabajo impecable, desde la escenografía que recrea perfectamente cada una de las locaciones tanto interiores como exteriores, la perfecta iluminación que nos envuelve en la atmósfera de cada escena y el trazo que si bien no es perfectamente ejecutado, termina siendo muy preciso y convincente. 

La música compuesta por Rodrígo Dávila es otro punto a destacar de entre todos los aciertos de la obra teatral.

En México atravesamos (una vez más) un panorama muy complicado no solamente en el aspecto político, sino en el ámbito sociocultural. Resulta cada vez más difícil imaginar otra forma de éxito, otra forma de felicidad, otra forma de bienestar que no sea aquella que la maquinaria del poder nos ha impuesto a través de las redes sociales que se han convertido en el medio masivo de comunicación por excelencia. A veces miro aterrado la forma en que vamos caminando día a día como máquinas inertes de una línea de producción en serie, intentando sobrevivir en un panorama desolador, fingiendo que todo está bien y que la forma en la que se deben de hacer las cosas es la que dictan las tendencias; casi siempre en favor de unos cuantos. Y luego te encuentras con este tipo de textos, con este tipo de trabajos inteligentes y profundos, y recuerdas que no hay nada más cruel y triste que un espíritu cercenado.

Nuestro compromiso como adultos es alimentar el creciente libre espíritu de nuestros jóvenes, darles herramientas más allá de cortarles las alas producto de nuestros miedos y frustraciones; alimentar nuestra propia alma, enriqueciéndola de las cosas que realmente nos dan alegría y nos arrebatan la sonrisa sincera. Es tarea de nuestros jóvenes aferrarse a su propia convicción, al grito interior de su espíritu, ser valientes y recordar que solamente tenemos una vida y que lo menos que podemos hacer es hacer de cada día algo extraordinario; y es en ese sentido que “La sociedad de los poetas muertos” cumple con su cometido, aunque sea por un par de horas.  

No es barato, eso sí; pero vale la pena cada peso desembolsado en el boleto. Ampliamente recomendada para adolescentes y adultos. 

“La sociedad de los poetas muertos” 

Dirección: Francisco Franco
Dramaturgia: Tom Schulman
Elenco: Alfonso Herrera, Luis Couturier, Sebstián Aguirre, Germán Bracco, Alejandro De Hoyos, Alejandro Puente, Mauro Sánchez Navarro, Paco Rueda, Gonzalo Vega Jr., Lion Bagnis, Sebastián Carpio, Michel De León, Jatzke Fainsod, Pablo Flores, David Montalvo, Martín Saracho, Constantino Morán y Lucy Vilmo
 

Lugar: Nuevo Teatro Libanés. Barranca del Muerto, esq. 2 de Abril. Col. Crédito Constructor
Horarios: Jueves 20:30 horas, viernes 19:00 y 21:00 horas, sábado 18:00 y 20:30 horas y domingo 17:00 y 19:00 horas.

Costos: $990, $850, $790, $700 y $590


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