Crítica: Birdman. El verdadero superhéroe.

 

Por Juan Carlos Urrutia

Un diálogo en español que te hace dudar, un poema, un meteorito cayendo, medusas, baquetas aceleradas golpeando contra el borde de la tarola. Un silencio y podemos ver a Riggan Thomson levitando de espaldas a la cámara, frente a una ventana del St. James de N.Y. a través de la cual se filtra un rayo de luz. Este es el punto sin retorno, aquí es en donde inicia un viaje alucinante, el que parpadea pierde. Se pierde.

Riggan Thomson (Michael Keaton) es un actor venido a menos tras mas de 20 años de haber alcanzado la cumbre del éxito en Hollywood al haber interpretado a “Birdman”. En un intento desesperado por alcanzar nuevamente el reconocimiento de la crítica, ha decidido adaptar, dirigir, actuar y producir una obra de teatro en Broadway, basada en un texto de Raymond Carver, titulado “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”. Pero; ¿es realmente el reconocimiento de la crítica lo que Riggan busca de manera casi suicida? “¿Y conseguiste lo que querías de esta vida?”

Alejandro González Iñarritu nos entrega en “Birdman” no solo una película única de una construcción impecable, sino una reflexión con cantidad de perspectivas profundas y necesarias. Nos regala un análisis de nuestra naturaleza, de nuestras ambiciones y frustraciones, de la eterna búsqueda por alcanzar “algo” en nuestra vida, nos confronta con nuestro ego a través de la confrontación con el suyo. Es una autoexploración por momentos dolorosa, por momentos reconfortante, catártica. Es una crítica simple y directa hacía los estereotipos, un homenaje ácido hacia el show business y sus protagonistas; una bofetada, un balde de agua fría en la cara de los espectadores cínicos e indiferentes que somos víctimas; pero sobre todo cómplices del “genocidio cultural” que plantea el director.

Pero “Birdman” va mucho más allá de ser una película necesaria, comprometida con el espectador. Es un falso plano secuencia construido con una capacidad que raya en la perfección y que nos habla no solamente de un amplio conocimiento técnico sino de una capacidad creativa fuera de lo común; volvamos a leer: FUERA DE LO COMÚN. Unas actuaciones que nos hacen recordar y saborear de manera voraz al Edward Norton que de pronto también habíamos olvidado, a una Emma Stone que en un diálogo te enamora porque te convence; a un Michael Keaton que nos sacude en una marejada de emociones. “Birdman” es una película con una fotografía deliciosa con tonos de luz que te hipnotizan, con recorridos de cámara que abruman por su precisión. Un plano secuencia con elipsis tan sutiles que en dos horas transcurren tres días, sin perder un solo momento. Es una experiencia cinematográfica con picos tremendos que te arrancan suspiros de satisfacción; pero que también tiene momentos más pausados, necesarios para recobrar el aliento y pensar. ¿Y qué es la vida real sino eso?

“Birdman” nos sacude con el planteamiento de interrogantes sobre nosotros mismos; zarandea y cuestiona el éxito de películas de superhéroes como un ejemplo de un producto  de consumo masivo que no se toma la molestia de meditar sobre la calidad que está entregando a nosotros sus consumidores; siendo su único móvil la acumulación de capitales. Es un reconocimiento al mundo actoral a través de una crítica contundente al ego. Es un grito de esperanza hacia un público que se queja pero no hace nada, que se conforma y se molesta porque lo hacen pensar. Es un regalo incondicional para todos los que quieran recibirlo.  

“- ¿Y conseguiste lo que querías de esta vida? - Lo conseguí. -¿Y qué querías? - Considerarme amado, sentirme amado en la tierra.”

 

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