Crítica: "Whiplash". El talento no es suficiente

Por Juan Carlos Urrutia 


A veces resulta muy sencillo saber desde la primera escena cuando una película va a ser o muy buena o muy mala. En este caso no fue la excepción. A partir de ese primer travelling in no nos queda nada mejor que colocarnos de la manera más cómoda en el asiento y vivir la experiencia de “Whiplash”.

Damien Chazelle es un joven director estadounidense de 30 años cuyo trabajo anterior a “Whiplash” fue precisamente la versión en cortometraje de la misma cinta que nos cuenta la historia de Andrew Neimann un joven baterista estudiante del conservatorio de música Shaffer cuyo anhelo de convertirse en uno de lo más reconocidos bateristas del mundo lo lleva a dedicar largas horas ensayando de manera extrema con el propósito de llamar la atención de Terrence Fletcher, director de la reconocida Banda de Estudio del conservatorio. El encuentro inicial entre Fletcher y Andrew es la pauta de entrada para un experiencia cinematográfica única.

Y es que “Whiplash” no solamente nos habla de los métodos de enseñanza poco ortodoxos del casi odiado, pero siempre necesario, Fletcher (magistralmente interpretado por J.K. Simmons), o del anhelo de cada estudiante para ocupar el lugar de titular en su correspondiente instrumento; la película nos habla de aquellas personas que se pasan la vida intentando, aquellas que ni siquiera lo intentan y de los que van más allá de los límites con tal de conseguir ser los mejores. Y en este caso hablar de ser el mejor no se limita a conseguir el promedio más alto en la generación o ganar un concurso estudiantil de música; se trata de ser la única persona en el mundo capaz de hacer lo que haces, como lo haces. Se trata del camino de los genios para convertirse en leyendas, aunque a veces, la mayoría, solamente se quedan en el intento.

“Whiplash” nos invita a una dura reflexión, nos hace sentirnos pequeños ante el talento y perseverancia de genios como Miles Davis y Charlie Parker; nos invita a echar un vistazo a nuestros sueños y reflexionar sobre el camino que hemos tomado en nuestra vida. Nos regala una probada del maravilloso y casi extinto mundo del jazz. Nos sacude con cada plano, con cada nota, con cada gota de sudor que no hemos sabido derramar. Nos regala 107 minutos de vida porque ¿qué es la vida sin pasión? Una sucesión de días y eventos fríamente calculados e irrelevantes.

Ganadora del Premio de la Audiencia y del Gran Premio del Jurado para su director en el Festival de Sundance del año pasado y con 5 nominaciones a los premios Oscar 2015, incluída Mejor Película, llega de manera discreta a algunas salas de nuestro país; pero las suficientes para no tener pretexto de perderse este gran trabajo.

No se pierda “Whiplash”, hay razones de sobra para que acuda al cine y viva esta experiencia.

 

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