Crítica: "IT (2017)"

 

It, Chapter One (2017)

 

Por Mayra Langle (@maylob_)

La tarea de crear una nueva versión de un clásico no es para todos, no cualquiera tiene la madurez necesaria para saber que elementos tomar, cuales desechar y cuales otros son irrelevantes. Comprimir el gran universo que está impreso en un libro en algo audiovisual nunca ha sido sencillo, y menos si hablamos de una obra tan reconocida como lo es ‘It’ de Stephen King.

Después de muchísimo tiempo de espera, llegó a nuestras salas la cinta rejuvenecida del clásico que la mayoría vimos de pequeños con media cara cubierta por cobijas, y a pesar de que se podría considerar como el remake de un clásico, It, sorprende gratamente.

Como obra cinematográfica funciona a la perfección, tiene todos los elementos adecuados para crear tención en el espectador, e inclusive nos genera esta extraña sensación de morbo, aquel sentimiento de querer dejar de ver pero no poder retirar nuestra vista de la gran pantalla.  

El perfecto juego que se da entre la fotografía, a cargo de Chung-hoon Chung, el vestuario, la producción y la música hacen resaltar y relucir todas las atmosferas del filme a la perfección, dejando al espectador atónito. Esta fusión tan exacta es lo que da pie a que el trabajo de dirección y de actuaciones sea de manera más sencilla, que la química entre los personajes se nota, pero la energía que fluye entre las atmosferas y los personajes se siente. Y el espectacular guión permite que los engranes de todo el proceso cinematográfico funcionen a la perfección. Dando como resultado final una joya clásica que acaba de ser pulida.  

La cinta en ningún momento se jacta de su fama y se vuelve mediocre, tiene atisbos y grandes destellos que nos recuerda a su predecesora, y a algunos nos esboza una sonrisa en la cara, pero nunca pretende imitar o venderse como algo que no es. El filme nos ofrece mucho más que un remake, se nos presenta una obra con efectos nuevos, con actuaciones impecables, con aires de frescura, pero que mantiene su esencia, aquella que se creó hace 27 años, y llega a nosotros con un olor y sabor añejo, delicioso. 

Y a pesar de que la dirección de Andy Muschietti se hace notar cada vez más conforme el filme avanza, la película falla. Falla porque pareciese que no sabe a que audiencia está dirigida la cinta, está más que claro que no está hecha para nuestra generación, la cual está ansiosa de sentir el mismo miedo que sintió hace 15 o 20 años cuando vimos aquellos clásicos que nos asustaron y traumaron durante mucho tiempo. O tal vez los que fallamos fuimos nosotros como espectadores, por querer que el clásico se rehiciera con un terror más profundo capaz de hacernos saltar de la butaca como cuando éramos pequeños, y no dejar que esta historia sea dirigida a niños de las nuevas generaciones.

Es la nostalgia lo que nos llevó a todos a ver este filme justo el día de su estreno, es la nostalgia la que nos hace sentir nervios y deseos de verla antes que nadie, es la nostalgia al miedo que sentimos de pequeños lo que nos mueve y al final, nos hace disfrutar de la película a pesar de no sentir miedo.  

La verdadera pregunta sería: ¿Qué hubiera sido de esta cinta si no existiera una generación nostálgica como la nuestra?, ¿seguiría siendo un éxito?.

 

 

 

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