“El lugar sin límites” - La experiencia de Microteatro México

Por Juan Carlos Urrutia

Tuvieron que pasar casi 10 temporadas completas para darme la oportunidad de vivir el proyecto de Microteatro. El concepto viene de Madrid y ha tenido éxito en ciudades como Nueva York; consiste en presentar Micro obras con duración de 15 minutos, para 15 espectadores máximo cuyo montaje se realiza en un espacio de 15 metros o menos. Es de este modo que esta nueva manera de hacer teatro llegó a México con un indudable éxito comprobado por sus ya 10 temporadas en las cuales se han presentado un gran número de puestas en escena con elencos que van desde José Sefami hasta Camila Sodi. La apuesta de Microteatro México es acercar (literalmente) al público las propuestas teatrales de los diferentes proyectos que integran cada temporada, a un precio por demás asequible.

Fue así que tras un par de invitaciones a temporadas anteriores y ante la cercanía física entre el lugar en donde “todo” sucede y mi hogar, Microteatro se convirtió en mi plan de viernes. La primera decisión importante era escoger que obras vería. La temporada 10, que está a punto de finalizar, ofrece 13 obras cuyo hilo conductor es el tema “Por Paz”; cada una de ellas se presenta en una habitación de la casona en la colonia Santa María la Ribera que da la bienvenida a principiantes y adictos a tan singular experiencia. El público puede ver solo una micro obra ($60) o comprar un combo de tres obras ($160). Los más aventurados o expertos pueden ver la cantidad de obras que les sea posible entre las 8 y las 11:30 de la noche (en Viernes). Así pues, tras ver la sinopsis y trailer de cada obra, decidí aprovechar la visita y optar por un combo de tres.

La primer ventaja es que la ubicación del inmueble es de fácil acceso, cerca de la estación del Metro y Metrobus Buenavista y conectada directamente con la Av. de los Insurgentes a la altura de Eje 1 Norte. La casa se ubica en Roble No.3 y desde la esquina de Insurgentes puedes ver el letrero luminoso que anuncia que has llegado a la tierra prometida. Muy cerca de la entrada hay una persona que te explica el concepto de los combos y una orientación general antes de que pases a la taquilla a comprar tus entradas. En el patio principal encuentras una pequeña cafetería abastecida con todo lo necesario para complementar la noche de teatro. En taquilla le indicas al encargado las obras que quieres ver y su respectivo horario (tener cuidado en no encimar horarios) y él te entrega el boleto de entrada de cada una. Además con el combo de tres, te dan una bebida de cortesía la cual puede ser un café, un trago de mezcal, un vaso de agua de Jamaica o un Boing “de cuadrito”. De durazno lo escogí. Un tanto ansioso pero muy a gusto me senté a esperar la primera obra de las que elegí. A las 8:25 ya me encontraba esperando afuera de la Sala 4 junto con otras personas. Cinco minutos después la puerta se abrió. La experiencia comenzaba.

“Déjame en paz”

Comencé con el pie derecho, la suerte de principiante me hizo justicia y tuve la fortuna de que me tocara la combinación de elenco que deseaba ver en escena. Apenas ingreso a la sala me llega el olor a incienso y veo a Lalo España sentado en una de las bancas sumido ya en su papel; tras de mí, entra Mariana Treviño (te vas a encontrar con más de una actriz o actor que va como público) con su acompañante. Todos tomamos asiento y tras unos segundos la función ha comenzado.  La voz de Francisco Rubio me sorprende y como puedo le contesto. Durante 15 minutos presenciamos la historia de Lucas, un ferviente devoto de Santa Rita quien se ve atormentado por el acoso de Pedro, un traficante de drogas que lo confunde con un dealer. Admirado contemplaba las excelentes actuaciones de un Eduardo que con el paso del tiempo se ha ido consolidando como un gran actor que ha sabido respaldar su trabajo en todos los ámbitos posibles, saltando de la televisión al cine, del cine al teatro, del teatro al doblaje y conservando siempre una humildad que lo hace a un más grande; y a un  Francisco que permanece firme de principio a fin, capta enseguida nuestra atención casi con furia, manteniendo el perfecto equilibrio con su contraparte. Mientras observaba atento, intentaba calcular a ojo de buen cubero si el espacio en el que nos encontrábamos medía más que la sala de mi casa. Agradecí mucho también la iluminación que hizo perfecto juego con la precisa escenografía y el trabajo de un par de grandes profesionales que se entregan en cada segundo dentro de ese pequeño espacio, adueñándose del público que termina cautivo y feliz. La comunión perfecta.

Salí de la sala 4 y esperé, un tanto sorprendido ante el notable incremento de público que se encontraba en el patio principal, a que diera inicio mi segunda escala esta vez en el piso superior.

“Paz y Florine”

Esta obra fue el pretexto para acudir a Microteatro. A las afueras de la Sala 9 se podía ver a Fátima Torre y Verónica Toussaint, listas para dar inicio a la función. Cada producción tiene su sello que la distingue de las demás, en este caso estando formados para entrar, una persona te entrega un programa de mano y una dosis de “Passiflorine” para que entres en ambiente. Esta vez todo ocurre en la intimidad de la sala de una casa, perfectamente acondicionada, incluido un ventilador que dadas las condiciones del espacio reducido es otro plus que el público espectador agradece. El operador/asistente de dirección da la tercera llamada y anuncia el inicio de la obra, acto seguido ingresan las actrices con su uniforme blanco que las hace ver aún más guapas, coquetas, perfectas; pareciera ser que desde ese momento la inversión ha valido la pena; pero solamente es un guiño, una provocación inocente. La perfección, la verdadera belleza aparece a continuación.  

Paz y Florine son un par de hermanas, ambas enfermeras, muy unidas quienes tras enterarse en la televisión de un suceso horrible van descubriendo cosas una de la otra que hasta ese momento ignoraban (consciente o inconscientemente) teniendo un final inesperado. A Verónica ya había tenido oportunidad de verla en otra obra y en esta ocasión confirmé la calidad que posee como actriz; su fuerza, su intensidad, las venas de su cuello a punto de reventar, su mirada fulminante, sus diálogos perfectos, su estupenda interpretación. Un verdadero deleite. Sobre Fátima tenía una curiosidad casi morbosa, nunca la había visto en un escenario y sólo sabía que formaba parte de un programa de televisión y que había estado en la temporada anterior de Microteatro. No esperaba para nada encontrarme con una actuación tan contundente, no lo veía venir y en el momento no me quedó más remedio que contemplar embelesado cada uno de sus gestos, la entonación de su voz, la fragilidad de sus ojos, su desenfado encantador, su pasión; un regalo del alma para el alma. Impecable.

Sin dudas, una producción redonda, de principio a fin, hasta el más mínimo detalle. El plato fuerte de mi menú.

Salí con una sonrisa estúpida pero sincera y esperé un par de minutos a que diera comienzo el remate de una noche muy singular de teatro.

“Para la paz, la guerra haz”

De postre escogí una micro obra con un tema más áspero, incluso en el momento que ingresas a las Sala 10 te das cuenta de que el tono en general será distinto. Un foco rojo y uno amarillo, un espacio rectangular que luce incluso amplio a consecuencia de la modesta ambientación, las sillas del público alrededor, lo cual te permite ver cada detalle de frente. Sale un soldado y poco tiempo después un segundo con una rehén. Durante 15 minutos somos transportados a una habitación militar al final de una guerra entre dos países; uno de los soldados está convencido que la guerra terminó y que no hay necesidad de mantener a su rehén, una reportera de una cadena televisora del país enemigo; el otro por su parte se empeña en descargar su furia y dolor en contra de ella, sin entender las razones del otro. El texto de Eduardo Reza (quien a la vez interpreta a uno de los personajes) nos deja entrever la crudeza de una guerra, los estragos que causa en la vida de las personas que la viven en carne propia, la transformación que estos pueden llegar a tener al verse obligados en muchas veces a renunciar a sus vidas para convertirse en víctimas de un suceso tan terrible como la guerra, cualquiera que sea el bando al que pertenezcan. El aplauso es unánime al final de la puesta en escena.

No sé cuál hubiera sido el resultado de haber escogido otro menú; pero lo que sí sé es que regresaré. Ya espero conocer los trabajos que integrarán la Temporada 11. Créame, es una experiencia que nadie se puede perder. La Temporada 10 cierra el 9 de noviembre con develación de placa a cargo de Mónica Huarte. Anímese, seguro además de buen teatro encontrará a más de una luminaria.

Para horarios, sinopsis de cada obra y demás detalles puede consultar la página oficial

http://www.microteatro.mx/

 


Trailer “Déjame en Paz”

 

 

 

 

 

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