Crítica: "Dunkirk"

 

Dunkirk
1-Agosto- 2016
Mayra Langle (@may_lob)

La muy esperada cinta de Christopher Nolan llegó a las salas mexicanas, y con ella una de las obras cinematográficas más completas y fascinantes del 2017.

Situada en algún punto de la Segunda Guerra Mundial en el que Alemania iba ganando la guerra, varios soldados intentan escapar de las playas francesas de Dunkirk. Al ser rodeados por el ejercito nazi su única escapatoria es el mar, pero el viaje que dura un día en bote y una hora en avión, resulta una espera inaguantable de una semana en la playa.

La genialidad del filme radica en la no existencia del tiempo: conocemos los personajes en el aquí y ahora. No sabemos el pasado ni el futuro de los protagonistas, de hecho, llegamos a saber los nombres de pocos. Simplemente están.

Sin embargo la belleza de la obra no está en los personajes, si no en la inteligente narrativa y montaje de la misma. La sutileza con la que Nolan nos cuenta distintas historias a la vez, las cuales van a destiempo, pero se comunican tan bien que pareciese que se complementan, que van creciendo juntas y, en algún punto llegamos a creer, que pretenden encontrarse para unirse.

El hecho de que en ningún momento se vea en pantalla al enemigo, pero que siempre se sienta presente es digno de admiración para una película de guerra. Y aunque muchos puedan afirmar que Dunkirk habla sobre la percepción que tenemos los humanos sobre el tiempo en momentos de guerra, más bien nos habla sobre la percepción del enemigo, el cual resulta ser muchas veces nosotros mismos.

Y por sí no fuera poco es un deleite volver a ver la increíble y madura fotografía de Hoyte Van Hoytema en un formato IMAX que fue grabado en 70mm en compañía del perfecto score de Hans Zimmer con los relojes tic taqueando y la perfecta combinación entre bombas y efectos auditivos que se convierten en un personaje más de la película.

Dunkirk es el resultado de un conjunto de genios funcionando en armonía la perfección. No es una película más sobre la guerra, es una película de guerra. Son varios personajes, tres perspectivas, un momento decisivo. Sin ver al enemigo físico en pantalla, podemos centrarnos en la verdadera amenaza, aquella que tintinea a un ritmo creciente, aquella tan recurrida por Christopher Nolan, aquel enemigo que no se puede olvidar y al cual no se le puede ganar: el tiempo.

 

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