Opinión: "El círculo" . En un mundo en el que la privacidad no existe.

 

Por Juan Carlos Urrutia

Este fin de semana llegó a las salas de cine “El círculo”, película dirigida por James Ponsoldt basada en el libro homónimo de Dave Eggers. No me centraré en opinar basándome en una comparación entre la novela y la adaptación (pues no la he leído). Me enfocaré meramente a lo que vi en pantalla.

La cinta nos ubica en un poblado cualquiera alejado de los “encantos” de la gran ciudad, en donde Mae Holland (Emma Watson) trabaja como operadora de un call center de una especie de organización gubernamental en donde se puede apreciar un espacio de trabajo bastante descuidado, equipo de cómputo prácticamente obsoleto y en general un aburrimiento y frustración que asfixian. Los días de Mae transcurren entre su aburrido trabajo y un hogar en el que vive con un padre que padece esclerosis múltiple y una madre que se dedica al cuidado del mismo. Mercer, un chico del pueblo, que se dedica a fabricar lámparas con cuernos de venado, la corteja discretamente. Una vida que luce nada emocionante y monótona hasta el momento en el que su amiga Annie le llama por teléfono para decirle que le ha conseguido una entrevista de trabajo en “El círculo”, la empresa de servicios de internet más prestigiosa del mundo. Obviamente Mae, es contratada. Así comienza la película.

La historia gira, desde mi punto de vista, en torno al control absoluto de la información con finalidades de acumulación de poder y por consiguiente riqueza. Control, es el punto medular. “El círculo” es una especie de secta o hermandad, en la cual sus miembros son persuadidos a literalmente vivir en y para la empresa, compartir todo (vida profesional y personal) con todos los miembros del círculo. Cada nuevo producto o software que la empresa lanza al mercado tiene la finalidad de “servir” a la sociedad, a través del acceso ilimitado a toda la información de cualquier persona, desde cualquier parte del mundo, eliminando el concepto de privacidad para de esa manera propiciar que cada individuo sea “transparente” y de esa forma evitar actos deshonestos.

Sí, suena espeluznante; sin embargo creo que tiene varios puntos de análisis, aun cuando la historia en torno al tema no está tan bien abordada como en otros trabajos, como por ejemplo la serie británica “Black Mirror”. Al respecto de esta “transparencia” de los individuos, en un momento de la película la protagonista se convence a sí misma de lo siguiente:

“Fui mi peor versión porque pensé que nadie me estaba observando”

“Si me observan me hago responsable”

Aseveraciones que quizás suenan absurdas; pero que plantean cuestionamientos éticos y morales sobre los que sería interesante reflexionar un poco acerca de nuestro propio comportamiento. ¿Habremos caído en la trampa de un sistema que nos vende la idea de un mundo conectado para con esto violar nuestra privacidad (con nuestro consentimiento absoluto) y ejercer control sobre nuestro tiempo, recursos e información? O ¿Habremos caído en nuestra propia trampa de una sociedad corrupta y decadente que necesita de estos mecanismos de control para observar un comportamiento “socialmente correcto”?

Sí, quizás la película es mucho más ligera y complaciente como para clavarse tanto en estos cuestionamientos; pero creo que en ciertos momentos de las casi dos horas de duración, sí da para ese tipo de reflexiones.

La cinta de entrada se anuncia como género Ciencia Ficción; pero ¿realmente estamos tan alejados de la realidad que se plantea?

Resulta entretenida y seguramente se disfrutará, sobre todo si el espectador no está preparado para la contundencia y desesperanza con la que se abordan temas similares en trabajos como la ya mencionada (y maravillosa) “Black Mirror”, que por cierto ya anunció que sí habrá cuarta temporada y con más capítulos que las anteriores.

 

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